Crítica de 'Richard Jewell'

Para quienes entiendan la búsqueda de la verdad como una pelea a la contra.

PorRichard JewellWarner Bros.

Dirección: Clint Eastwood
Reparto: Paul Walter Hauser, Jon Hamm, Olivia Wilde, Sam Rockwell, Kathy Bates, Wayne Duvall, Dexter Tillis,
Título en V.O: Richard Jewell
País: Estados Unidos Año: 2019 Fecha de estreno: 01-01-20120 Género: Drama Color o en B/N: Color Guion: Marie Brenner, Billy Ray Fotografía: Yves Bélanger
Sinopsis: Richard Jewell era un guardia de seguridad de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 que descubrió una mochila con explosivos en su interior y evitó un número mayor de víctimas al ayudar a evacuar el área poco antes de que se produjera el estallido.
En un principio se le presentó como un héroe cuya intervención salvó vidas, pero posteriormente Jewell pasó a ser considerado el sospechoso número uno y fue investigado como presunto culpable.

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Lo mejor: la simbiosis entre Rockwell y Paul Walter Hauser.

Lo peor: la, algo forzada, redención de cierto personaje.

Las mejores películas de Clint Eastwood comienzan antes del principio.
Sirva como ejemplo un extraordinario Paul Walter Hauser, aquí una suerte de contraplano de caricatos como Paul Blart, el superpoli de centro comercial, el Seth Rogen de Cuerpos de seguridad o cualquier personaje de la delirante saga Supermaderos, en cuya secuela intervino.
Para el director, la actualidad es el reflejo distorsionado de una comedia gamberra en la que sus personajes padecen los envites de un destino inclemente, donde las risas se congelan contra la pared de la mirada de los otros.

A partir de un artículo de Marie Brenner, Eastwood y el guionista Billy Ray recogen la historia real de Jewell, un guardia de seguridad que fue culpado injustamente de un atentado llevado a cabo en 1996, y su lucha por limpiar su nombre.
Tras una obra mayor como Mula (2018), el resultado corre el riesgo de ser prejuzgado de rutinario, lo que sería un error.
Estamos ante un ejemplo más de cómo el autor parte de un hecho pasado para reflexionar con amargura y contundencia sobre un presente siniestro, y decir unas cuantas cosas sobre la figura del héroe –vuelta a Sully (2016) y la fallida 15:17 Tren a París (2018)–, el sentido del deber, la responsabilidad de la prensa y el linchamiento de la turba vista como conjura de necios.
La película tiene el mérito insobornable de no reflejar este calvario íntimo con los modos del biopic al uso, de desestimar los trucos del emocionalismo que critica; muy al contrario, su historia se articula en forma de odisea íntima, coleguil y familiar, de espaldas a la masa enfurecida.

Su mirada, transparente y humanísima, nunca resignada, posee la virtud de convencer y conmover más allá del filtro deformante de la ideología.
El resultado es una obra perdurable y poliédrica, narrada con un firme pulso clásico, capaz de extirpar la verdad incómoda de cada gesto y cada frase de unos seres que son, ante todo, supervivientes cotidianos de una realidad tentacular, pero al mismo tiempo dotados de una rara nobleza que estremece.
Y de qué manera.

Fuente: Fotogramas >> lea el artículo original