30 de diciembre de 2019  • 19:18

'Me llamo Julius.
Tengo 40 años.
Soy un cazador'.
Julius Nielsen es uno de los 57.000 habitantes de Groenlandia.
Es uno de los territorios menos poblados de la Tierra.

Julius es un inuit y habla el idioma tunumiit.

Los inuits ya no viven en iglús, pero a veces los usan durante una noche o dos cuando salen de cacería.
'En el desierto, el clima a menudo cambia rápidamente.
Siempre estamos pensando en la supervivencia.
Por eso construimos iglús'.

'Pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte', explica Julius.

El Ártico se está calentando más rápido que cualquier otro lugar del planeta.
La capa de hielo de Groenlandia se está derritiendo a una velocidad de 270.000 millones de toneladas al año.

'Es muy difícil construir un iglú en estos días', dice Julius y agrega: 'Las nieves de invierno han cambiado mucho recientemente.
Cada año es diferente'.

Una pala y un cuchillo de hoja larga son las únicas herramientas que utiliza...
además de la sabiduría ancestral sobre la técnica para hacer sus helados hogares.

La nieve necesita estar compactada para poderla cortar en bloques y para que se mantenga en su sitio al apilarla.

'Tenemos muchos nombres para los diferentes tipos de nieve'.
'Para construir un iglú necesitas nieve dura'.
'La mejor nieve se llama 'Pugaq', que es la que crean los vientos fuertes al soplar sobre la capa de hielo pues la endurecen'.

'Con las condiciones adecuadas, puedo construir un iglú en una hora'.

Para construir la base, se utilizan bloques más grandes.
Las paredes se arman con bloques más ligeros y pequeños, y se van colocando de manera que se superpongan.
Los de más arriba, son moldeados de manera que se inclinen hacia adentro, creando una cúpula.

El bloque final se corta para que se ajuste perfectamente al hueco que ha quedado en el techo.

La nieve que va cayendo sobre el iglú terminado se va congelando sobre los bloques, y crea una capa de hielo muy fuerte.
Eso hace que el iglú sea resistente al agua y al viento.

La temperatura dentro del iglú puede llegar a ser hasta de 16ºC.

'Hiervo agua para cocinar lo que he pescado', cuenta Julius.
'El calor puede derretir la pared interior del iglú, pero pronto se vuelve a congelar y esa otra capa de hielo hace que la estructura sea aún más fuerte'.

El mundo que rodea al iglú también se está derritiendo, pero, a diferencia de esa pared interior, eso no hace que su estructura sea más fuerte.

Esta podría ser una historia de habilidades que están en riesgo de extinción, pero inuits como Julius Nielsen se esfuerzan evitarlo.
'El clima está cambiando muy rápido y nos ha obligado a cambiar con él', señala Julius.
'Pero seguimos tratando de mantener vivas nuestras tradiciones'.

Fuente: La Nación >> lea el artículo original