La doctora Lydia Margarita Tablada Romero fue por casi tres décadas directora general del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa).
Foto: René Pérez Massola

La ciencia cubana acaba de perder a la doctora Lydia Margarita Tablada Romero, ejemplo de mujer consagrada a la investigación, madre, esposa, y de probada lealtad incondicional hacia la Revolución.

Nacida en La Habana el 30 de marzo de 1947, no dudó en matricular la carrera de Medicina ante el llamado hecho por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de formar nuevos galenos para sustituir a los que abandonaron el país, tras el triunfo revolucionario del 1ro.
de enero de 1959.

Esa propia identificación con el proceso de profundas transformaciones socioeconómicas, iniciado en su Patria bajo la conducción de Fidel, hizo que la joven Lydia Tablada figurara en la relación de médicos recién graduados que, motivados por los reclamos de la máxima dirección del país de impulsar el desarrollo agropecuario, se incorporaran al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), a fin de prepararse y especializarse en la salud animal.

Allí integró el grupo inicial de investigadores  de lo que años después sería el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa).
También estuvo al frente de la subdirección de posgrado de la rama agropecuaria entre los años 1972 y 1974.

Sumada al colectivo de trabajadores de la referida entidad,  ubicada en el municipio de San José de las Lajas, perteneciente a la actual provincia de Mayabeque, pronto mostró sus cualidades científicas al incursionar con éxito en temas investigativos relacionados con la prevención, diagnóstico, epidemiología y control de patologías graves de las especies animales y cultivos agrícolas de interés económico, fundamentalmente las zoonóticas y emergentes para el país.

Laboró, asimismo, en el desarrollo de diagnosticadores y biofármacos destinados a la salud humana y a la sanidad agropecuaria.

Dentro de su extensa hoja de méritos destaca haber participado en el programa nacional de control y erradicación de la fiebre porcina africana durante los dos brotes de esa enfermedad, acaecidos en Cuba en 1971 y 1980.

Como significó en sentidas palabras la doctora Yamila Martínez Zubiaur, compañera de trabajo durante mucho tiempo  y coordinadora de la sección de Ciencias Agrarias de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), el liderazgo, capacidad organizativa y la entrega que caracterizaban a Lydia Tablada la llevaron a desempeñar diversas responsabilidades en el Censa, hasta ocupar el cargo de directora general, función que desempeñó a lo largo de 27 años de 1985 a 2012.

Su permanente afán de superación hizo que obtuviera la condición de especialista de Primer y Segundo grados, en Microbiología, Investigadora Titular, Doctora en Ciencias Veterinarias y la de Profesor Adjunto de la Universidad Agraria de La Habana.

Presidió el Tribunal Permanente de Grados Científicos para la Salud Animal, de 1989 a 2013, e integró también la Comisión Nacional de Grados.
Formó a varias generaciones de jóvenes científicos, a quienes supo inculcarles la perseverancia, la consagración al trabajo y el optimismo aun en las circunstancias más difíciles.

Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba desde 1988 y Académica de Mérito a partir del año 2000, la doctora Lydia Tablada Romero entregó a esta institución su experiencia, profesionalidad, energía, pasión y apoyo absoluto.

La doctora Lilliam Álvarez Díaz, secretaria académica de la ACC, la recuerda perseverante en su ciencia profunda, constructiva en los análisis, comprometida, revolucionaria y fidelista por encima de todo.

«Fundó una hermosa familia y enfrentó con la mayor entereza una grave dolencia, contra la cual luchó de la manera en que solo lo hacen las personas valientes.
Su ejemplo inspirará siempre a los investigadores cubanos del presente y el futuro, en particular a nuestras mujeres de ciencia, que no se amilanan ante las dificultades y llevan sobre sus hombros, como verdaderos pilares, la familia, el trabajo, los cargos de dirección y la difícil vida cotidiana, sin perder jamás la ternura», destacó Álvarez Díaz.

Más allá de su meritoria labor científica y académica, Lydia Tablada supo cumplir con celo sus responsabilidades políticas.
Miembro durante un mandato del Consejo de Estado de la República de Cuba y del Comité Central del Partido, fue también diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y llegó a presidir  la Comisión Permanente de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Su notable quehacer científico y social la hizo merecedora de numerosas reconocimientos y distinciones, entre ellas la Orden Carlos Juan Finlay, la Ana Betancourt y la Medalla José Tey.
En 2008 la nombraron Presidenta de Honor de la Sociedad de Microbiología del Consejo Científico Veterinario de Cuba.

También recibió la condición de Cuadro Destacado del Ministerio de Educación Superior en los años 1998 y 2000, así como el Premio Nacional de la Asociación Cubana de Técnicos Agropecuarios y Forestales por la Obra de la Vida y el Premio Nacional 2017 de la Asociación Cubana de Producción Animal.

De acendrada modestia, la doctora Lydia Tablada mantuvo abiertas las puertas del Censa a los requerimientos informativos de los periodistas.
Al menos en mi experiencia personal fue así.

La última vez que conversamos sobre el tema fue en febrero de 2010, cuando de manera entusiasta me habló de las acciones emprendidas para acabar de estabilizar la producción y favorecer el uso  a gran escala del Stabilak, uno de los resultados líderes del Censa, cuyo beneficio radica en mantener después del ordeño por determinado tiempo la calidad de la leche cruda destinada al consumo humano, ante la falta de refrigeración temporal, la transportación a largas distancias y el almacenamiento prolongado en lugares de difícil acceso.

Para Lydia Tablada era inaplazable transformar la actividad científica e innovadora en una potente fuerza productiva, mediante el incremento de sus impactos en la economía, la sociedad y el medioambiente.

Fallecida el pasado 27 de septiembre a los 72 años de edad, la muerte nos priva de su presencia física, pero la impronta que deja será imperecedera.

EN CIFRAS LAS MUJERES CONSTITUYEN:

67,2 % de la fuerza de mayor calificación técnica y profesional del país.

53 % de los trabajadores del sistema nacional de ciencia y tecnología e innovación.

64,9 % de los graduados de nivel superior.

28 %  de la membresía de la Academia de Ciencias de Cuba.