• Usar Blablacar es como jugar a la ruleta de la rusa.
    Nunca sabes cuando puede tocarte ‘una bala’ que taladrará tu cerebro durante 3 o 4 horas
  • Muchos personajes se desplazan por las carreteras españolas y quizás, de otra forma, nunca tengas la oportunidad de conocerlos en profundidad
  • Si lees bien sus claves, la app de transporte colaborativo incluso puede ser una buena herramienta para hacer networking

Comencé a usar Blablacar como pasajero hace 4 años para ir de Madrid a Valencia.
Iba de viaje allí con mi pareja a buscar unos días de tranquilidad, pero a ninguno de los dos nos dio por mirar que ese fin de semana eran las Fallas y su correspondiente mascletá.
Lo que nunca habríamos imaginado es que también experimentaríamos una en el coche en el que viajábamos. 

Después de pasar Albacete a casi 160 kilómetros por hora, se hizo un silencio en la pareja que iba delante y llevaba el coche.
Un hedor insoportable comenzó a inundar el habitáculo.
Miré a la mía, aunque estaba claro que ella no era la fuente de procedencia.
Cuando llevas unos años compartiendo la vida con alguien, sabes perfectamente hasta cómo se respira su toxicidad.
Como no podíamos hablar, rápidamente comentamos la escena mediante una conversación de WhatsApp.
Fueron segundos que parecieron horas.
Me acordé de las cámaras de gas. 

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El conductor se mostró de manera involuntaria como el origen de dicho olor.
Cuando ni él mismo podía soportar lo cargado que estaba el ambiente, bajó la ventanilla apenas un centímetro, sacó un dedo y para disimular señaló: “Está el día fresquito”.
Sin embargo, el hedor seguía aferrado a la comodidad y calor de aquel BMW con asientos calefactados.

La novia del conductor, que iba de copiloto, hizo una mirada reprobatoria a su chico.
Solo entonces el singular ‘Fitipaldi’ bajó la ventanilla hasta abajo y aquella ‘boina’ de polución humana acabó desvaneciéndose.
Pese a la intensidad del momento, en ningún momento se había alterado el silencio entre los cuatro pasajeros. 

Ese fue mi bautismo de fuego en la plataforma de viajes colaborativos Y entonces pensé que Blablacar no solo era un método de transporte alternativo, sino también una fuente estupenda de historias.
¿Qué otros personajes transitarían por nuestras carreteras? ¿Qué otras escenas cómicas o dramáticas se producirían en los viajes? ¿Qué guiones de sitcoms o road movies podrían nacer en los vericuetos de la aplicación?

El cómico locutor

Locutor de radio
Gettyimages

Extremadura es una región con unas comunicaciones bastante malas.

Tiene un aeropuerto que está en medio de ninguna parte y que además se ve afectado por nieblas de vez en cuando, lo que ocasiona retrasos en los vuelos.

Es la única comunidad autónoma de España con vías del siglo XIX y sin electrificar y sus trenes sufren constantes averías.
Sus autobuses entre ciudades son escasos y los que van a Madrid tardan en ocasiones más de 5 horas en llegar, con paradas interminables en Navalmoral de la Mata.
He vivido dos años allí y con este panorama, BlaBlaCar se ha convertido en mi mejor amiga. 

En uno de mis constantes desplazamientos de Mérida a Madrid reservé un viaje con mi pareja.
Lo cierto es que la pequeña foto de la ficha del conductor me resultaba muy familiar.
Justo antes de iniciar el trayecto, confirmé mis sospechas. Se trataba de Fernando Nieto, locutor y co-presentador del programa LaBerrea89 en Canal Extremadura. Me había vuelto un poco fan suyo después de que en pleno directo Fernando y su equipo cogieran un teléfono Zetta y fueran quitándole pegatinas para descubrir que en realidad solo era un Xiaomi al que le habían ‘camuflado’ convenientemente. 

La expedición no defraudó mis expectativas.
Fue uno de los viajes más divertidos que he hecho un coche y, por supuesto, salió el tema del ‘bellotagate’.
No paramos de hacer bromas y chascarrillos durante los más de 300 kilómetros entre Extremadura y Madrid

A nuestra expedición se había unido a los pocos kilómetros de Mérida una chica que era la primera vez que usaba BlaBlaCar y que no tardó en caer rendida en la parte de atrás, sin preocuparse de los desconocidos con los que iba pese a ser novata.
Estuvo en los brazos de Morfeo hasta casi Arroyomolinos.
Con el tiempo descubrí que ese perfil era bastante común, aunque ella era neófita: usuario/a de BlaBlaCar que se sienta en la parte trasera para evitar dar cháchara al conductor y permanece todo el viaje dando cabezadas. 

No perdí el contacto con Fernando.
De hecho, meses después comencé a colaborar en su programa de radio y conocí a un equipo de gente muy competente, talentosa e ilustrada que pese a vivir en una región que a veces no tiene los recursos que merece, se buscaban muy bien la vida.
Así, las risas de ese viaje se repitieron muchos sábados de 13 a 14 horas en las peceras de Canal Extremadura. 

El revendedor de coches 

Venta de coche en concesionario
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El viaje en BlaBlaCar con Fernando había dejado el listón muy alto, pero el trayecto de vuelta no es que fuera regular, es que fue horroroso.
Y algo turbio.

El conductor resultó ser una persona bastante siniestra, una mezcla entre profesor de gimnasia de instituto y actor secundario de Torrente.
No dejaba de echar miradas lascivas a las piernas de la chica que iba a su lado, veinte años menor que él, la cual prácticamente ni nos había dirigido la palabra al montar en el coche.
Esta última, vestida con una blusa de leopardo, iba totalmente despanzurrada, con el asiento echado bastante hacia atrás y dejándonos poco espacio. 

Si ya con cuatro personas viajábamos apretados, el horror llegó cuando el conductor nos informó de que iba a coger en Móstoles a un quinto pasajero con el que tenía un ‘negocio pendiente’.
BlaBlaCar prácticamente prohíbe que se hagan trayectos con 5 personas en el vehículo.
Estaba claro que el conductor y el nuevo viajero se conocían de antemano, por las frases que intercambiaban, pero sus conversaciones resultaban algo frías y hasta cortantes. 

Viajamos con esa falta de espacio y ese clima de tensión más de 100 kilómetros, hasta que el conductor se salió de la A5 en la provincia de Toledo.
En teoría iba a dejar al misterioso quinto pasajero, así que no pusimos muchas pegas con tal de estar un poco más cómodos dentro del habitáculo.
Sin embargo, no iba a ser un desvío rápido. 

Cogió una carretera secundaria durante decenas y decenas de kilómetros hasta que llegó a un pequeño pueblo.
Aparcó junto a un descampado y nos pidió que nos quedáramos dentro del coche.
Él y el extraño salieron del coche y se dirigieron a otro vehículo.
Reconozco que en aquel momento me asusté un poco y se me pasaron ideas extrañas por la cabeza.
Me vinieron a la mente algunas películas de Tarantino.
No volvimos a ver más al viajero extra.
En teoría, en pleno trayecto de BlaBlaCar, nuestro chófer había consumado la compraventa de un automóvil de segunda mano.
O eso es lo que él nos dijo. 

El emprendedor en criptomonedas

Bitcoin
Las reservas de Bitcoin se reducen al 15 por ciento Getty Images

Viajé por primera vez a Startup Olé, evento para emprendedores en Salamanca, y decidí hacer la vuelta a Mérida en BlaBlaCar.

La Ruta de la Plata conecta ambas ciudades en un par de horas.
Tuve la suerte de que me tocara como conductor otra persona que también había asistido a la feria.
Y supongo que él también tuvo suerte, porque de ahí salió una entrevista. 

Rafa era un emprendedor de 50 años que tenía la energía e ilusión de uno de 20.
En su momento había sido una de las personas que había introducido las cadenas de gimnasios low cost en España.
Hoy en día era el responsable de desarrollo de negocio de una startup que iba a agilizar el pago con criptomonedas.
Me habló con entusiasmo de los bitcoins, de blockchain, de IOTAs, de ICOs, un mundo entonces un poco ajeno para mí.
Aunque vivía en Andalucía, la empresa era de León. 

Me contó cómo el CEO de su startup, un conocido empresario leonés del mundo de la noche y las discotecas, había descubierto los bitcoins en un viaje a EE.UU hacía unos años y había sido uno de los pioneros en introducirlas en España y en la región.
Pensé en cómo hoy en día las buenas ideas y las buenas mentes pueden brotar en cualquier lugar y no tienen que estar necesariamente radicadas en Madrid o Barcelona. 

Mantuve buena sintonía con Rafa durante unos meses y estuve hasta negociando un tiempo con él para echarle una mano con su área de comunicación. 

El cantante de trap

Cantante
Gettyimages

¿Qué mejor colofón podría haber para unos exhaustos Mobile World Congress y 4YFN de presentaciones, ruedas de prensa, tours por stands y entrevistas que hacer el trayecto entre Barcelona y Madrid en BlaBlaCar?  

Seguramente muchos, pero el dejar la reserva del billete de vuelta de AVE para última hora, ocasionó que no tuviera otro método medianamente económico de vuelta a la capital.
Pensé que ‘no hay mal que por bien no venga’ y que sería una buena forma de conocer a alguien del sector que también hubiera estado en la feria.
Como ya había podido comprobar, la app también te permite hacer un buen networking si das con los compañeros de viaje idóneos.
Y no me equivoqué.
Fabio, el conductor, era una persona que había trabajado en prensa tecnológica en Portugal y que era socio de una compañía de mobile marketing. 

El viaje se presentaba interesante.
Lo que no había previsto es que iba a haber un tercer viajero con nosotros.
Lo recogimos en otro punto de la Ciudad Condal.
Ante nosotros se presentó Pedro, un muchacho de aspecto desgarbado, con ropa negra, el pelo largo y verde y un marcado acento sevillano.
Sin embargo, esos detalles no fueron los que más nos llamaron la atención.
Pedro tenía una muletilla cuanto menos llamativa.
Se dirigía a nosotros constantemente llamándonos ‘rey’.
Al principio se hacía un poco incómodo, pero con el paso de los kilómetros te acostumbrabas.
Hasta podías sentirte un poco como Felipe VI. 

Al romper el hielo, Pedro fue revelando su ocupación.
Era un buscavidas, DJ y cantante de trap.
Venía de pinchar en un evento.
Fabio le preguntó si tenía algo publicado y él le indicó que sí.
Así que su música empezó a sonar por el equipo de música del automóvil.
Un tema, otro tema, otro tema… así oímos hasta casi dos discos completos.
Fabio dijo que su suegra era también artista y empezamos a hablar de música, del circuito comercial, de productores, de Rosalía… Los ‘rey’ de Pedro se sucedían una y otra vez, mientras de fondo se escuchaban frases como 'sabe que me la suda, que no me importa na', que si se molestan la van a chupar'.

Para hacer la situación más surrealista, yo me mantenía pendiente de varios mensajes de correos y notificaciones a mi móvil.
Mi pareja estaba siendo operada de los ojos y mi cuñada me estaba informando de qué tal iba la operación por WhatsApp.
Una startup del 4YFN me comunicó que me había tocado un fermentador por participar en un sorteo al que yo no había echado papeleta.
Y me llegó un correo de un abogado de un país nórdico amenazando con denunciar a Applicantes por haber publicado una foto con licencia Creative Commons si no le pagábamos 600 euros. Afortunadamente Pedro se quedó dormido a la altura de Zaragoza y no despertó hasta Madrid.
Y Fabio se quedó conforme con haber escuchado veinte temas de su cosecha, porque tenía unos cuantos más subidos a Spotify. 

El cirujano capilar

Médicos cirujanos durante una operación en un hospital.<br>
Getty Images

La última vez que me he subido ‘a lomos’ de un Blablacar ha sido para hacer un trayecto de Mérida a Madrid.
Después de un rato de cháchara insustancial mi compañero de viaje y conductor, oriundo de Brasil, me reveló su profesión: médico.
¿Su especialidad? Urgencias, pero su interés residía en otro campo: el de los trasplantes capilares.
De hecho, aunque trabajaba en Portugal habitualmente iba a Madrid porque estaba haciendo un máster para formarse en la materia.
Con prácticas incluidas. 

Si alguna vez visitáis Badajoz o Mérida quizás os haga gracia un cartel de grandes dimensiones de un negocio llamado ‘Dr Pelo’ que exhibe al antes y el después de una intervención.
Hay clínicas suyas en otras ciudades de España.
Rápidamente el celebérrimo Dr.
Pelo salió a colación en la conversación y me confesó que era su amigo.
Y un poco, también su mentor.
 

El asunto del pelo se convirtió en el tema estrella del viaje.
Supongo que un poco por interés propio.
Hablamos sobre todos esos grupos de gente que viaja a Turquía a ponerse pelo en la cabeza.
Y por qué tantos famosos se hacían injertos capilares pero no lo confesaban.
Descubrí que en España también hay sitios de calidad media que son tan económicos como en territorio turco.
Y donde también venden ricos kebabs. 

Estuvimos pensando entre los dos en qué lugares de España podría irle bien su apuesta emprendedora.
“Quizás deberías hacer un estudio de mercado de las ciudades donde más alopecia hay y ver aquellas en los que la gente está dispuesta a pagar por algo de ese valor”, le dije yo, como si fuera un experto en la materia.
Al final, pensamos que Madrid y Barcelona serían buenos sitios y que quizás, en algunas urbes del Norte de España y en Marbella, podría salirle a cuenta.

Tras casi tres horas de viaje, mi conductor me reveló quizás su mayor secreto.
Sacó una foto de un carnet de hace unos años, en el que se ‘destapaba’ el misterio.
Yo también me he hecho un injerto capilar y como ves, me he quitado unos años de encima.
Es lo que mi mujer quería y ellas mandan”.
Asentí con la cabeza, mientras él aprovechaba el movimiento para mirar la despoblación de la parte superior de la mía. 

Fuente: Bussines Insider >> lea el artículo original