La expansión digital impuso un cambio cultural en la industria de los contenidos.
Desde que Internet se afianzó en los hogares, para acceder a los estrenos de series o películas basta con encender la tele o la computadora.
Y si bien con esta medida se logró reducir el consumo de materiales plástico, está lejos de ser una tecnología limpia.
Un estudio reciente reveló que los videos por streaming son perjudiciales para el planeta y generan más gases de efecto invernadero (GEI) que toda la Argentina.
Representan el 60% de la circulación de datos a nivel mundial.

En la actualidad, las tecnologías digitales alcanzan el 4% de las emisiones GEI –nuestro país aporta el 0,7% de las emisiones atmosféricas contaminantes mundiales- superando a la aviación civil, según una investigación de la organización francesa sin fines de lucro The Shift Proyect.
Sin embargo, esta participación podría duplicarse hasta 2025 para alcanzar el 8% de todas las emisiones, lo que representa la cuota actual de emisiones de automóviles.

El consumo de videos online podría duplicarse hasta 2025 para alcanzar el 8% de todas las emisiones

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Y si bien nadie pone en tela de juicio los beneficios que aportan los videos online, su consumo representan el 60% del flujo de datos global y también, el principal factor de emisiones GEI en el sector digital.
El problema es que cada byte transferido o almacenado requiere terminales e infraestructuras (centros de datos, redes, servidores) a gran escala.
Lo que desemboca en un consumo permanente de energía.

“Este reporte muestra que la mayoría de los videos que constituyen el 80% del tráfico de Internet se consume como entretenimiento o publicidad: un dato que, de cara a la emergencia climática, debería convencernos de que cuestionar nuestros comportamientos digitales es no sólo deseable, sino posible”, detalla Hugues Ferreboeuf, director del proyecto The Shift Projec.

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Para obtener un mayor ángulo de relieve, en el informe decidieron bajar hasta las profundidades del streaming para identificar a los principales vectores de consumo.
Así, a la cabeza, con un 34%, figuran los servicios de video a pedido (VoD), con Netflix en primera fila.
A unos pasos está la pornografía con el 27% del total.
Le siguen los videos alojados en plataformas de transmisión, como YouTube, con el 21%.

El 18% restante corresponde a los videos alojados en redes sociales como Facebook, Instagram, Tik-Tok, Snapchat y Twitter.
Las emisiones de los servicios de video on demand son equivalentes a Chile (más de 100 MtCO2eq, cerca del 0,3% de las emisiones globales), el país que albergará la COP25 en 2019.

“En menos de 25 años, lo digital se volvió una parte esencial de nuestra vida cotidiana.
Hemos desarrollado hábitos, deseos y usos que se basan en la idea de desmaterialización.
Hoy, los videos online son la piedra angular del tráfico de datos y finalmente comprendemos la realidad de sus impactos”, advierte Gauthier Roussilhe, diseñador e investigador sobre transición energética y baja tecnología.

El material porno compone el 16% del flujo total de datos y el 5% de las emisiones GEI.
Sólo en 2018 produjeron más de 80 MtCO2, es decir, tanto como todos los hogares de Francia

No es ninguna novedad que el video es un medio de circulación dominante en la web. Diez horas de video HD requiere más datos que todos los artículos en inglés en Wikipedia en formato de texto.
Mientras que, para 2021, más del 80% de los datos que viajen por Internet serán exclusivamente video, según CISCO.

El informe subraya que la evolución actual del sector digital y del peso de videos choca con el Acuerdo de París y con el objetivo de reducir las emisiones globales.
La solución apunta a la idea de “sobriedad digital”, así como también al debate social sobre la utilidad de algunos contenidos online.
Este concepto de reducción se aplica tanto a la resolución como el tamaño de los archivos.
Ya que en algunos casos, en lugar del rutilante “8k” se podría optar por un módico 480p.

“La sobriedad debería aplicarse en todos lados: bienes de consumo, transporte, pero también consumo de Internet, incluidos los videos.
¡Ver menos videos, escuchar e interactuar con otros humanos es una forma de construir el mundo real de mañana!”, apunta Françoise Berthoud, ingeniero de investigación y director de GDS EcoInfo.

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original