Las células que degeneran y provocan el cáncer utilizan contra nosotros mecanismos que un día fueron esenciales para nuestra supervivencia. Uno de ellos es el que hace que los embriones no sean atacados por el sistema inmune de la madre, que trataría de aniquilarlos al detectar los antígenos extraños del padre. Para hacer posible la reproducción, una proteína llamada LIF neutraliza selectivamente el sistema defensivo materno para hacer posible la reproducción. Hay mujeres con una mutación que malogra este sistema y son estériles.

Pero esa misma proteína que sirve para salvar un escollo de la reproducción sexual entre mamíferos se convierte en una herramienta con la que los tumores escapan a las defensas del cuerpo. Las células tumorales que expresan con intensidad la proteína LIF apagan las alarmas que hacen saltar los macrófagos y que avisan a los linfocitos T de que tienen que acercarse a combatir las células aberrantes.

Los experimentos con ratones no permiten predecir si un fármaco que funciona en ellos será muy tóxico en humanos

Fuente: El País >> lea el artículo original