El matemático finés Rolf Nevanlinna (1895- 1980) ha dado hasta ahora nombre al premio que desde 1982 otorga la Unión Matemática Internacional (IMU) para reconocer aportaciones matemáticas relevantes en las ciencias de la computación, y cuya dotación económica (15.000 euros, la misma que las medallas Fields, que se conceden simultáneamente) ha venido siendo sufragada por la Universidad de Helsinki. Pero el Comité Ejecutivo de la IMU, en su asamblea celebrada durante el Congreso Internacional de Matemáticas que tuvo lugar en Rio de Janeiro el año pasado, decidió cambiar el nombre del galardón. A partir de 2022 (la próxima vez que se conceda) pasará a denominarse Premio Abacus, y está buscando una nueva fuente de financiación.

Aunque la IMU no ha hecho públicas sus razones, la Universidad de Helsinki confirma que se trata del papel de Nevanlinna en la Segunda Guerra Mundial. Fue miembro del partido Nacionalista Finlandés (ultraconservador y supremacista); presidió el comité de dirección del “Batallón de voluntarios fineses de las Waffen-SS” y aceptó, durante los años 1936-37, un puesto en la universidad alemana de Göttingen, reemplazando a los ilustres matemáticos de origen judío (como Edmund Landau, Hermann Weyl y Richard Courant) expulsados por los nazis bajo el auspicio de las leyes racistas de Nuremberg.

Muchos grandes matemáticos alemanes se habían opuesto abiertamente al despido de profesores judíos, como fue el caso de David Hilbert, Heinz Hopf, Oskar Perron y Ernst Zermelo, por ejemplo. Otros murieron víctimas de la barbarie: Felix Hausdorff, Juliusz Schauder y Stanislaw Saks. Otros tantos tuvieron que exiliarse, principalmente a EE UU. Emil Artin, Stefan Bergman, Edmund Landau y Richard Courant fueron algunos de ellos. Pero hubo también matemáticos en el bando nazi, que ejercieron un liderazgo en el mundo científico alemán de aquellos años. Ludwig Bieberbach, Wilhelm Blaschke y Oswald Teichmuller escribieron en torno a las cualidades de la matemática aria, de la que predicaban un estilo intuitivo y geométrico, en contraposición a la matemática judía, más lógica y analítica, según decían.

El papel de Nevanlinna presenta más claroscuros. El gran matemático André Weil contó en sus memorias cómo, literalmente, “salvó el pellejo” gracias a la mediación y poderosa influencia de Nevanlinna, cuando fue detenido, acusado erróneamente de ser un espía soviético, en Finlandia, donde había llegado huyendo de la sus obligaciones en el ejército francés. Aunque no está del todo clara la veracidad de esta historia, durante años fue utilizada por el matemático finés para limpiar su expediente.

Su valía científica también ha servido para difuminar su pasado oscuro. Aunque Nevanlinna no esté en la primera fila del Olimpo de las matemáticas (que ocuparían otros como Arquímedes, Isaac Newton, Leonhard Euler, Karl Gauss, Bernhard Riemann, David Hilbert y Henri Poincarè), sí pertenece por derecho propio a dicho podio, en compañía de todos aquellos que han logrado asociar su nombre con teoremas importantes. El teorema de Nevanlinna, dentro del campo del análisis de variable compleja, precisa la distribución de los valores que toman ciertas funciones llamadas meromorfas, y mejoran sustancialmente el teorema de Picard, una de las joyas de esta área.

Hubo matemáticos en el bando nazi que escribieron en torno a las cualidades de la matemática aria, de la que predicaban un estilo intuitivo y geométrico, en contraposición a la matemática judía, más lógica y analítica

Fuente: El País >> lea el artículo original