La República Checa fue uno de los alumnos modelo en Europa en la lucha contra el coronavirus durante los primeros meses de la pandemia. Su situación era tan buena que donaba material médico a países como España o Italia. El uso generalizado de los barbijos desde que se detectaron los primeros casos a principios de marzo –fue el primer país europeo que los impuso de forma obligatoria- y el cierre casi hermético de sus fronteras para evitar importar más infectados fueron las medidas con las que el Gobierno checo frenó el virus. Con éxito.

Su “victoria” contra la pandemia fue tal que el pasado 1 de julio, en el icónico Puente Carlos de Praga, se celebró un gigantesco banquete al aire libre con miles de personas que celebraban la derrota del virus. Pero pasó el verano europeo y el otoño ha traído una mala sorpresa: Chequia es, según los datos de la Agencia Europea de Prevención y Control de Enfermedades, el país europeo en peor situación ahora mismo.

Los datos de este viernes cuentan que el país tiene una incidencia de 701,9 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos días, una cifra que supera con creces las de los otros países europeos que ahora mismo lo están pasando peor: 304 para España, 320 para el Reino Unido, 346 para Francia, 461 para Países Bajos y 577 para Bélgica. También es el que más víctimas mortales está sufriendo por culpa del virus: 5,2 personas por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

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Fuente: Johns Hopkins University Infografía: Clarín

Chequia es el caso más llamativo, pero en casi toda Europa del este van subiendo cada vez más rápido los indicadores que muestran la incidencia del virus. Países que apenas lo notaron ya tienen un número de casos importante: Eslovaquia 243 por 100.000 habitantes en los últimos 14 días, Eslovenia 231, Rumanía 200, Polonia 148 y Hungría 147.

Los cables de las agencias llevan días contando que los servicios médicos están mucho más saturados que en marzo y abril, que faltan médicos y material. Alemania anunció el miércoles que sus hospitales empezarán a tratar a enfermos checos.

No hay una sola razón y nadie entiende todavía del todo por qué estos países pasaron de alumnos modelos contra el covid-19 a empezar a pasar por los problemas que pasaron los países más afectados en la primera oleada. Con la diferencia de que los sistemas sanitarios de Europa occidental tienen más medios que los de Europa oriental.

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Coronavirus en Europa

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Fuente: Johns Hopkins University Infografía: Clarín

Varias razones

Una de las razones para esta diferencia de incidencia entre la primera oleada y esta segunda sería la polarización política. Como en Estados Unidos, las fuerzas más conservadoras –no sólo políticas, también la Iglesia- no eran partidarias del uso generalizado de los barbijos. La jerarquía de la Iglesia católica polaca llegó a protestar porque el uso de los barbijos hacía que los curas tuvieran que administrar la comunión en las manos y no directamente en la boca, algo que no querían aceptar.

La otra razón principal es económica. Las duras medidas de confinamiento que los gobiernos de estos países tomaron en la primera oleada son insostenibles en el tiempo salvo si lo que se pretende es poner de rodillas la economía del país.

Un vendedor ambulante con barbijo en la soledad del Puente de Carlos en Praga. Foto: EFE

La evolución de la pandemia al final dejó más alternativa que volver a las restricciones. El Gobierno checo anunció el lunes el cierre de bares, cafés y restaurantes –cerraron este pasado miércoles-, prohibió cualquier reunión de más de seis personas y suspendió el curso escolar en todos los niveles excepto en los jardines de infancia. El primer ministro Andrej Babis dijo el miércoles: “Es una decisión muy difícil pero no tenemos derecho más que a un intento y debe tener éxito”.

El gobierno de Babis, que destituyó a la ministra de Sanidad para poner en su lugar a un experto en epidemiología, Roman Prymula, llegó a pedir perdón por haber eliminado todas las restricciones durante el verano.

Sin medida alguna, los checos creyeron entender que la pandemia había desaparecido. Y con ella desaparecieron los barbijos y volvieron los viajes y las fiestas. Llegado octubre el país puede ser el primero que vuelva a un confinamiento estricto.

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original