Una de las quejas más habituales entre las personas que no quieren usar las mascarillas, que ya son obligatorias en casi toda España, es que les cuesta respirar.
Esa supuesta reducción de oxígeno ha sido desmentida en varias ocasiones por médicos y científicos de todo el mundo, pero ahora uno de ellos lo ha querido demostrar científicamente.

Tom Lawton es médico en la unidad de cuidados intensivos del Bradford Royal Infirmary, un hospital del condado de York, en el norte de Inglaterra.
El galeno ha trabajado durante toda la pandemia, asegurando que ha visto 'lo peor que el coronavirus puede hacer' a las personas.
Por eso, se propuso un reto correr 35 kilómetros con una mascarilla para demostrar que no reduce los niveles de oxígeno.

Lo hizo yendo y volviendo desde su casa hasta su puesto de trabajo, que está a unos 14 kilómetros de su casa.
Pero, además, convirtió uno de los dos trayectos en una media maratón para animar a las personas a usar las mascarillas.
Lo hizo abriendo una página en la página de crowdfunding GoFundMe, con la que pensaba recaudar 500 libras para el banco de alimentos y ya ha multiplicado por seis esa cifra.
En total corrió 14 kilómetros de ida y 21 de vuelta.

Todo por la ciencia

Tom Lawton señalaba en la página de micromecenazgo que 'estoy absolutamente a favor de cualquier cosa que pueda mantenernos a todos a salvo.
Por lo tanto, me ha disgustado la información errónea sobre los niveles de oxígeno y las mascarillas, así como los mensajes confusos sobre cuándo usarlos (¡en interiores!').
Por eso, para matar dos pájaros de un tiro, correré desde casa hasta el trabajo y vuelta usando una máscara y con un medidor de oxígeno'.

El doctor Lawson había avisado de que, entre ambos trayectos, atendería a sus pacientes con normalidad, pero explicaba que si él era capaz de correr entre 25 y 35 kilómetros con una mascarilla, 'cualquier podría llevarla puesta mientras iba de compras'.
Finalmente llevó a cabo su desafío y lo completó con éxito, tal y como recoge el Independent.

Tom Lawson explicó que no se quitó la máscara en ningún momento de la carrera, ni para comer ni para beber agua.
Y con el pulsioxímetro que llevaba encima pudo verificar que los niveles de oxígeno nunca bajaron del 98 por ciento, prácticamente igual que en condiciones normales.
Por eso, recomienda a quien haya seguido su reto que utilice su historia para convencer a aquellos que no se quieren poner la mascarilla y conseguir, entre todos, evitar la propagación del coronavirus.